El Blockchain: ¿Un nuevo cisne negro?

Fuente:http://www.expansion.com/economia-digital/protagonistas/2017/09/04/5980d45ae5fdea0b1f8b465b.html

Durante los últimos años, el mundo ha vivido una auténtica revolución provocada por la aplicación de la tecnología en la mayoría de procesos que se producen a diario en la sociedad.

Estos procesos, aunque digitalizados, precisaban de un mediador que verificase la aceptación de los términos que hacen posible cada operación. La tecnología también ha avanzado en este sentido y ha comenzado a intervenir en esta mediación, lo que está generando un impacto en la sociedad y un cambio en la prestación de servicios mucho más profundo de lo que pueda parecer y del que quizá no seamos todavía conscientes.

Dentro de este proceso, es llamativo lo poco que está instalado aún en el imaginario colectivo el carácter disruptivo que tiene la combinación de la tecnología Blockchain con el Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés). Quizá sea por la complejidad de la materia, o quizá sea porque esta nueva revolución, al contrario de lo que ocurrió con otras revoluciones como la creación de la máquina de vapor, la fabricación en serie o la aplicación de la microeléctrica y TI en la producción, está protagonizada por fuerzas que no se ven, que no pesan, y que no tienen soporte físico en el proceso de la transacción.

El Blockchain es un modelo transaccional que permite extender la confianza en las relaciones humanas hasta un nivel nunca visto hasta ahora. Y la confianza es un elemento fundamental para generar capital social en las sociedades libres. El Blockchain, de manera muy simplificada, recoge información de las transacciones llevadas a cabo por los agentes conectados a ella. Cuando se realiza una transacción, los participantes deben verificar los términos de la misma para validarla. En ese momento, la transacción pasa a formar parte de una gran base de datos que recoge las condiciones que deben cumplir dichas transacciones para ser aprobadas por las dos partes, sin la intervención de un tercer actor que verifique la operación.

De esta manera, la tecnología hace desaparecer a ese mediador neutral que durante siglos ha garantizado la veracidad de lo que decimos o escribimos. Un tercero que, por cierto, no añadía más valor que la confianza y que cobraba un peaje por ello. Disponer de modelos de confianza más baratos y más rápidos que lo que nunca habíamos conocido va a suponer una revolución que va a cambiar muchos de nuestros hábitos de vida.

Uno de los elementos clave que se puede construir ahora es el Contrato Inteligente (Smart Contract), en el que las acciones pactadas se ejecutan cuando se dan las condiciones adecuadas reconocidas “automáticamente”, sin la necesidad de esperar una revisión del proceso.

Esto supone un cambio cualitativo en el modelo de relaciones actual: ahora podemos desarrollar relaciones comerciales con desconocidos que pueden estar a miles de kilómetros de nosotros con mayor seguridad y sin la necesidad de que un tercero físico certifique la acción. El modelo de contrato es transparente, ya que las dos partes tienen claro lo que acuerdan desde el principio y es mucho más económico, en tanto que no se necesitan intervenciones externas que aporten esta confianza.

Esta desaparición del intermediario que provoca el Blockchain no afecta solo a la rapidez y al gran abaratamiento, de hasta diez veces, de las transacciones más convencionales. También supone una mejora de los modelos de negocio que han surgido en los últimos años gracias a Internet: puedo alquilar un fin de semana la casa a un particular y pactar vía Blockchain las condiciones de la transacción y dejarlas fijadas en un Contrato Inteligente. Cuando el dinero está en la cuenta, la puerta de la casa se puede activar con el móvil y posteriormente, cuando he comprobado que el usuario no ha causado desperfectos, el dinero de la fianza se reintegra en su cuenta.

De esta manera el Blockchain nos permite simplificar el proceso reduciendo los tiempos y costes de la verificación mecánica.

El modelo basado en el Blockchain también es un modelo más seguro y más interesante que el actual para transacciones entre particulares porque puede garantizar, no sólo la realización de la transacción, sino también, en determinados escenarios, la calidad del bien objeto de intercambio.

Hasta ahora, en muchos casos desconocíamos la calidad del bien objeto de nuestra transacción. Imaginemos el caso de un vehículo usado que queremos comprarle a un particular. Nos fiamos de la versión del vendedor, que nos asegura que está en buen estado e incluso podemos hacerlo revisar por algún mecánico amigo, pero aun así, nunca tenemos la seguridad de que estemos comprando un buen coche. Sin embargo, esta transacción cambiaría si se tratase de un coche sensorizado (IoT) que nos permitiera comprobar, a través de un lector de Blockchain, cuál ha sido el historial del vehículo (cambios de aceite, accidentes con incidencia en el motor, etc.).

En su ensayo sobre los cisnes negros, el inefable Nassim Taleb define estos fenómenos como sucesos que nadie espera, que tienen un efecto demoledor y a los que luego todos intentamos encontrarles una explicación a través de falacias narrativas para conseguir así que encajen con nuestros esquemas mentales. Creo que estamos asistiendo a la llegada de un nuevo cisne negro a nuestro ecosistema.

Como ha sucedido con otros cisnes, como Internet, su impacto a nivel social va a ser, en efecto, demoledor. Sin embargo, la creación del Blockchain podría ser solo el primer paso hacia un sistema neutral y más económico que permita completar las transacciones en tiempo real, garantizando la plena confianza de los participantes.

 

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