El modelo de gestión de Elon Musk

Fuente:http://www.expansion.com/directivos/2017/08/25/599f244de5fdeade658b4665.html

Elon Musk (Sudáfrica, 1971) es el director de orquesta de Silicon Valley, sustituto del difunto Steve Jobs, y en competencia con su amigo Larry Page, fundador de Google. Pero mientras Page no está en los medios constantemente, Musk sí. Este físico sudafricano pretende cambiar la forma de viajar. Es más, quiere jubilarse en Marte y cree que “siempre que cueste entre medio millón y un millón de dólares por persona, habrá gente que quiera ir a Marte. No sólo para hacer turismo, sino para vivir allí”.

De niño fabricaba cohetes caseros y con 12 años programó un videojuego que vendió por 500 dólares. Ya en EEUU, a donde llegó vía Canadá porque comulgaba con el apatheid sudafricano, fundó Zip2, una especie de páginas amarillas que gestionaba el desarrollo, alojamiento y mantenimiento de sitios web específicos para empresas de medios de comunicación. Corría el año 1995. Cuatro años más tarde, Compaq Computer la compró por 300 millones de dólares, lo que le reportó a Musk 22 millones. Los reinvirtió en X.Com, germen de PayPal. Tras varias trifulcas con la directiva que le expulsó como consejero delegado de la empresa -como le sucedió a Steve Jobs en Apple-, luchó por mantener su participación que le reportaría 150 millones de dólares en 2002 cuando eBay compró PayPal por 1.500 millones de dólares.

El lado iluminado

Y es aquí cuando Musk decide crear su empresa de cohetes. Con SpaceX, Musk se propone llegar al espacio abaratando el coste de los lanzamientos de la NASA a menos de la mitad. Nadie le creyó y le tomaron por otro rico excéntrico. Retrasos, errores y tres cohetes perdidos por fallos o explosiones pusieron a la empresa al borde del colapso. Pero Musk es un trabajador infatigable y eso quiere y ansía de sus trabajadores.

A finales de 2008, al cuarto intento, un cohete de SpaceX orbita y vuelve a la Tierra sin ningún problema. Fue la primera vez que una compañía privada lo conseguía. Este hito, unido a la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, cambiaría la suerte de Musk. La NASA contrató con SpaceX doce misiones, lo que le garantizó ingresos. Obama inyectó también 500 millones de euros a Tesla, que ya han sido devueltos, y Musk entra en la compañía en 2003 con 6,5 millones de dólares para convertirse en máximo accionista y consejero delegado.

Hoy, SpaceX es la primera empresa que ha logrado enviar un cohete al espacio y hacerlo regresar para volverlo a utilizar. Y en 2018 va a llevar a ciudadanos la Luna en misión espacial. Tesla ha absorbido SolarCity, una empresa de alquiler de paneles solares para viviendas de la que Elon Musk era presidente y máximo accionista, y acaba de lanzar al mercado su tercer vehículo eléctrico, el Model 3 que costará 35.000 dólares en 2018. “Es el modelo que democratizará el vehículo eléctrico”, según Musk.

No contento con la energía solar, el coche eléctrico y los viajes espaciales, este Leonardo Da Vinci del siglo XXI es el principal mecenas de Hyperloop. Anunciado como un tren capaz de alcanzar 1.200 kilómetros de velocidad, es un sistema de transporte que se sirve del magnetismo para abaratar los costes de los actuales ferrocarriles y metros de las ciudades. El pasado 21 de julio Musk dijo que tenía un “compromiso verbal” con las autoridades para unir Washington DC y Nueva York con su “tubo en vacío” de Hyperloop. Trayecto que durará 29 minutos, por las 2 horas 45 minutos que tarda ahora el tren en unir ambas ciudades.

Pero su voracidad, no cesa. Su última aventura es la creación en marzo de este año de Neuralink, una empresa que pretende explorar las neuronas del cerebro para establecer posibles conexiones con los ordenadores. Así se podría ampliar la memoria. Más aún, pretende instalar chips en los cerebros para combatir enfermedades, evitar nuestra obsolescencia programada y retrasar la muerte.

El lado oscuro

Ante todo gran cambio, hay resistencia. Y también un lado oscuro. En este caso, las finanzas. A Musk, de momento, le ha salido bien. Fusionó Tesla y SolarCity a finales de 2006, dos empresas en las que era máximo accionista y en las que estaba en el consejo de administración. Con la operación, Tesla se ha hecho cargo de 2.500 millones de dólares de deuda de la solar. La empresa de coches eléctricos no ha dado beneficios en ninguno de los ejercicios desde su creación en 2003.

Una práctica habitual entre las empresas de Musk ha sido ayudarse vía crediticia. Desde SpaceX a Tesla o de ésta a SolarCity. La primera transferencia no ha gustado a las autoridades, dados los contratos que la empresa espacial tiene con la NASA, una entidad pública. Musk, cuya fortuna personal es de 20.900 millones de dólares según Forbes, ha pedido créditos personales de 2.500 millones de dólares contra sus acciones de Tesla o SolarCity para inyectar financiación en sus empresas. De hecho, esto también es una práctica habitual: en 2009 pidió un préstamo personal de 20 millones contra su participación en Space X para “ayudar a Tesla”.

Sea como fuere, Musk ha conseguido ser el principal proveedor de viajes espaciales de la NASA y ha conseguido poner de moda entre los ricos y famosos de todo el mundo el coche eléctrico, ya que Tesla es vista como cool. Y a esta compañía los inversores la quieren: cotiza por encima de 350 dólares, sube más de un 60% en el año y vale en Bolsa más que General Motors o Ford.

Los comentarios están cerrados.