La industria discográfica es salvada por Internet

Fuente: http://www.expansion.com/economia-digital/companias/2017/01/21/58826f4a46163f953b8b4659.html

Gracias al auge de Spotify y Apple Music, el streaming de música ha superado los 100 millones de suscriptores de pago a nivel mundial, una cifra que pocos creían posible alcanzar hace unos años. La industria discográfica de EEUU va camino de crecer por segundo año consecutivo, algo que no ocurría desde 1999, cuando se lanzó Napster. Algunos analistas y ejecutivos están empezando a predecir con confianza que se acerca una nueva edad de oro para el sector.

Era muy difícil saber cómo la industria discográfica podría conseguir los mismos resultados que tenía en la década de 1990 antes de Napster, cuando el mercado estaba dominado por las ventas de CDs. Pero ahora con un pago mensual una persona puede tener 30 millones de canciones en una aplicación en su smartphone, su tableta o su ordenador, lo que hace que canciones de artistas como Drake se escuchen miles de millones de veces. Las canciones del rapero canadiense se escucharon en streaming más de 4.700 millones de veces en Spotify el año pasado. Su discográfica Universal Music está encantada con estas cifras, ya que recibe royalties de Spotify cada vez que alguien escucha una de sus canciones. Artistas como Drake contribuyeron a que los ingresos de Universal por streaming ascendieron a 1.100 millones de dólares en los primeros nueve meses, suficiente para compensar la caída de las ventas de las descargas digitales y de CDs. Warner Music tuvo en 2016 sus mayores ingresos en ocho años, también potenciados por las ventas de streaming, que aumentaron más de un 50% en todo el sector.

Wall Street es optimista ante el sector, que también se ha visto favorecido por el revival del vinilo. Goldman Sachs prevé que el streaming ayudará a que los ingresos de la industria se dupliquen a 104.000 millones de dólares en 2030. Pero sus dirigentes aún no han descorchado el champán. “Sería peligroso dejarse llevar demasiado”, dice Stephen Cooper, consejero delegado de Warner Music.

Cuando Napster irrumpió en la industria discográfica en 1999, las discográficas lucharon contra ella en los tribunales pero no consiguieron crear un modelo viable para combatir al servicio musical ilícito que crecía en Internet. Sin embargo, un pequeño grupo de ejecutivos consideró que la distribución digital era una posible cura para la industria, ya que podría ser controlado: si a las personas se les diera acceso digital a la música que querían, pagarían por ello.

Ese año, Michael Nash, director de estrategia digital de Universal Music, llevó a cabo una prueba con las grandes discográficas e IBM: el primer intento real de vender música por internet. Mientras la industria analizaba medidas para responder a la epidemia de la piratería, “éramos un grupo de voces solitarias que clamábamos en el desierto a favor del streaming y la transformación digital”, dice Nash. Ahora, 18 años después, está claro que Nash tenía razón. Cada año más personas compran acceso a música digital; los estadounidenses escucharon 431.000 millones de canciones en streaming en 2016. Algunos artistas han sido reacios a unirse a la cruzada del streaming, como Taylor Swift, que retiró sus canciones de Spotify en 2014.

A pesar de las impresionantes cifras, todavía hay tensión entre las grandes discográficas y los grupos tecnológicos que operan los servicios de streaming. Las primeras tienen la sartén por el mango, porque poseen los derechos de las grabaciones originales. En total, Universal, Warner Music y Sony controlan el 80% de la música grabada, y Universal un tercio de la misma. Esta concentración les da un gran poder de negociación. El streaming es un negocio con un margen alto. Por ejemplo, para las discográficas elimina los gastos de transporte de los discos físicos. Pero los aficionados a la música esperan que los servicios de streaming ofrezcan una discografía más completa en formato digital de sus artistas favoritos, lo que les obliga a llegar a acuerdos con los sellos discográficos.

Según los analistas, Spotify paga el 70% de sus ingresos a los propietarios de los contenidos, mientras que Apple paga un porcentaje todavía mayor. Una gran espina que siguen teniendo las discográficas es YouTube, que tiene más oyentes de música que Spotify y Apple juntos.

La mayoría de las canciones se pueden escuchar de forma gratuita, pero sus ingresos dependen de la publicidad. En Silicon Valley también se ha dado cuenta del potencial del streaming: Amazon, Apple y YouTube han lanzado servicios de suscripción en los últimos años.

Spotify sigue captando clientes: más de 100 millones usan el servicio y 40 millones pagan alrededor de 10 dólares al mes por él. Fundada en 2006, está valorada en 8.500 millones de dólares. El grupo tiene previsto salir a bolsa este año. Debido a los royalties que paga, nunca ha tenido beneficios. Sus ingresos en 2015 ascendieron a 1.950 millones de euros, un 80% más que el año anterior, pero aún así tuvo unas pérdidas de 173 millones porque los pagos por royalties se dispararon, un modelo de negocio que algunos analistas dicen que es insostenible.

Spotify también se enfrenta a la competencia de rivales más grandes. Apple Music está siguiendo la misma estrategia que Walmart en la década de 1990, cuando empezó a vender CDs con descuento para atraer a clientes a sus tiendas: Ante la salida a bolsa, Spotify está intentando reducir costes pagando menos royalties a las discográficas. A cambio de esta reducción, las discográficas están considerando una serie de concesiones de Spotify, entre ellas pagos por adelantado o medidas para restringir su servicio gratuito con publicidad.

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