Cuando una start up vale 1.000 millones

Fuente: http://www.expansion.com/emprendedores-empleo/emprendedores/2015/09/11/55f30ac846163f8c2d8b4591.html

Potencial de crecimiento, convertirse en líder de un mercado o tener la capacidad para diversificar sus servicios son algunos de los factores por los que una compañía de reciente creación puede llegar a valer más de 1.000 millones de euros sin contar con un modelo de negocio claro.

Twitter se ha convertido en una de las redes sociales de relevancia. Pocos son los internautas que no tengan un perfil creado en la página y se confiesen adictos a ella. Su tracción le ha valido la confianza de los inversores y su salida a Bolsa. Hoy, la capitalización bursátil de Twitter ronda los 18.000 millones de dólares (16.145 millones de euros). En 2008, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, quiso comprarla por 500 millones de dólares (448 millones de euros), una cifra muy alejada de la valoración actual de la compañía en el Nasdaq, pero igualmente elevada para una start up que, en aquella época, no tenía ningún ingreso. Los fundadores de la red de microblogging rechazaron la oferta del creador de Facebook porque consideraron que, en aquel momento, no cumplían con ninguna de las tres razones que pueden llevar a un emprendedor a vender su empresa: “Está a punto de ser aplastado por la competencia o de caer en el olvido; está cansado y sólo quiere el dinero; o el potencial de su empresa, si se une a otra compañía, es inmensamente superior al que tendría por sí sola”, explica Biz Stone, uno de los fundadores de Twitter, en su libro Things a little bird told me (Cosas que me ha dicho un pajarito).

Nadie puede negar que el caso de la plataforma creada por Evan Williams, Biz Stone y Jack Dorsey no sea paradigmático. Nació en 2006 y, en casi una década, aún no ha encontrado un modelo de negocio que justifique su valor en Bolsa. No en vano, la acción ya ha perdido casi un 24% desde su salida al mercado en noviembre de 2014, y los motivos pueden ser varios: “Un cambio de tendencia entre los usuarios que comienzan a no tener en consideración a Twitter como una red de moda; no ha sabido tratar la publicidad como fuente de ingresos”, explica Javier Megias, CEO y cofundador de Startupxplore, “no crece todo lo rápido que debería y la monetización de sus usuarios no está clara”, añade Iñaki Arrola, CEO de Coches.com, business angel y fundador del fondo de capital riesgo Vitamina K. Amén de los conflictos internos en su cúpula directiva que comenzaron casi cuando la empresa estaba en pañales. En cualquier caso, lo cierto es que esta red social ha sido una de las que ha logrado colarse en la exclusiva lista de las billion dollar start up, mucho antes de su salida a Bolsa. ¿Por qué?

Valorar tu compañía

Las metodologías para valorar una empresa son varias y dependen de la fase en la que se encuentre la compañía. Javier Capapé, manager de Start Up Spain, explica que “es difícil valorar un prototipo o una firma sin apenas clientes, por lo que normalmente se establece un acuerdo tácito con fuerte influencia geográfica. Si la firma ya cuenta con métricas (número de usuarios, recurrencia, pagos, etcétera) se podrá comparar con otras start up parecidas. Otro modelo se fija en función de los gastos a los que tiene que hacer frente una compañía para llegar al siguiente nivel de valor”. En resumen, los emprendedores valoran sus empresas sobre la base de métricas de comparación y proyecciones financieras.

El problema, advierte Rodolfo Carpintier, fundador de DaD, “es que no existe un método suficientemente probado que sirva para valorar empresas de rápido crecimiento y millones de clientes -reales o potenciales- como sucede en el entorno de Internet, sobre todo en casos que no tienen todavía un modelo de ingresos probado”. Aun así, a menudo nos topamos con start up sin fuente de ingresos que valen miles de millones de euros. Esto se debe a su capacidad para generar seguidores, un público fiel que permite dibujar un futuro propicio para esa compañía cuando dé con el modelo de negocio apropiado. “En estos casos el valor está sujeto al tráfico que generan. El inversor cree importante que haya una gran masa de gente que conozca la plataforma en cuestión y que se convierta, para el público, en un bien necesario”, indica Alfonso de León, managing partner de Axon Partners Group, gestora de fondos de venture capital. Algo parecido a lo que podría ocurrir con los equipos de fútbol que deberían ser deficitarios, pues los ingresos obtenidos a través de la venta de entradas no serían suficientes para pagar las nóminas millonarias de muchos jugadores, y sin embargo, gracias al fenómeno fan y a los millones de seguidores, viven de otros negocios paralelos nacidos al calor del interés del público. Se trata, en definitiva, de apostar por compañías que logren enganchar a millones de usuarios y esperar que éstas encuentren la manera de cobrar a esos usuarios.

Valorar una compañía de reciente creación no es tan sencillo como pareciera y “muchos utilizan esta medida como una métrica de ego”, advierte Javier Megias, algo muy peligroso que puede pasar factura. Si te emocionas con la valoración de la empresa tienes dos problemas: dejas de ser atractivo para nuevos inversores, y comienzas a engordar un valor del que luego tendrás que rendir cuentas con los que te financiaron en rondas anteriores. Si sobrevaloras la compañía con suposiciones erróneas puedes llevarla al cierre, algo que, en la mayoría de los casos, sólo te perjudicará a ti pues, casi siempre, los inversores firman cláusulas de protección, como la de liquidación preferente, para garantizarse el retorno de su inversión y, si es posible, también una plusvalía a pesar del lamentable destino de la compañía.

En el fondo, no se trata tanto (cuando una start up aún no tiene un modelo de negocio probado) de que la valoración sea la correcta como de que sea la que esté dentro de los parámetros de los inversores. Éstos financiarán la compañía en función de extrapolaciones que hallarán gracias al potencial a futuro de la compañía, el número de usuarios, su fidelidad y la capacidad que tenga esa firma para generar negocios aledaños y, por supuesto, para convertirse en el referente de su sector. Algo que le pasó en su día a Facebook, que es la piedra angular del entorno 2.0 y del que los usuarios tan sólo conocemos la punta del iceberg, “ya que su negocio no se basa únicamente en la publicidad, también ha adquirido empresas y cuenta con una de las mayores bases de datos del mundo”, asegura Megias. “Se podría decir que ahora es competencia de Google, pues ha sabido dar en la diana de la monetización”, añade Arrola. Y sus primeros inversores también dieron con la gallina de los huevos de oro.

Distorsión

Una cima a la que quieren llegar muchos financiadores que ahora apuestan por las empresas tecnológicas. La mayoría cuenta con un bagaje que les permite analizar y medir el potencial que tienen las start up cuando acuden a una ronda de financiación;pero también “los hay no profesionales que, al rebufo de la moda del mundo start up, invierten en empresas de reciente creación con valoraciones desproporcionadas y sin condiciones. Algo que distorsiona el mercado”, advierte Alfonso de León. Por eso, lo que recomienda De León es conocer al fundador de la start up e informarse sobre el modelo de negocio potencial y sobre el capital levantado hasta el momento para decidir qué movimiento es el adecuado. Es decir, algo parecido a una due diligence. Sin este ejercicio previo, se puede llegar a perder mucho dinero, pues cualquier inversión reporta un riesgo a pesar de las cláusulas que decidas imponerle al emprendedor. Invertir en una start up sin modelo de negocio es invertir a futuro.

Los comentarios están cerrados.