China se tambalea

China arroja unos niveles de consumo energético por unidad de PIB mucho menores que los que tenía en los años anteriores. Aunque esto podría indicar que el país está haciendo una transición de la industria pesada hacia el sector servicios, como sugiere el Gobierno, los economistas recelan. “Hay una gran incertidumbre. China no da cifras precisas ni fiables”, resume Francisco Cabrillo, profesor de la Universidad Complutense. Algunos expertos van más allá y apuntan a que la actividad china podría estar cerca del estancamiento.

Las importaciones cayeron un 16,4% en el primer semestre, respecto al mismo periodo del año anterior. Como buena parte de estas compras son materias primas, es muy probable que la industria, que es el principal motor de la actividad china, no esté funcionando a pleno rendimiento. De hecho, el Índice de Gestores de Compras, que publica la consultora Markit, junto con Caixin, indica que el sector manufacturero del gigante asiático está sufriendo en agosto su mayor retroceso desde el año 2009, con pronunciadas caídas de los niveles de empleo y de la entrada de nuevos pedidos.

La economía china podría no estar preparada para una normalización de su crecimiento, ya que en los últimos años ha acometido inversiones previendo un fuerte incremento de su PIB. En el caso de que eso no sucediese, buena parte de sus instalaciones industriales podrían quedar ociosas, elevando los costes fijos y disminuyendo la competitividad de las exportaciones del país, a pesar de la intensa depreciación del yuan en las últimas semanas.

Además, el avance de los últimos años había venido apoyado por un elevado crecimiento de las deudas públicas y privadas. Desde 2008, el PIB ha crecido un 80%, pero el volumen de pasivos se ha multiplicado por 2,5, hasta alcanzar el 280% del PIB. Esto es, han sido necesarios cuatro puntos de deuda para generar un único punto de crecimiento. Ahora, es dudoso que este ritmo se pueda mantener, ya que los inversores están siendo cada vez más precavidos respecto a las compañías chinas y exigen amplias primas de riesgo respecto a sus equivalentes del sudeste asiático.

El Gobierno necesita mantener el ritmo de crecimiento para garantizar las finanzas de sus administraciones locales, que en los últimos años han financiado sus gastos corrientes a través de la venta de suelo para la industria y la edificación urbana. En el caso de que esta actividad cesase, el país tendría que prepararse para una subida de impuestos que dañaría más a la economía o para fuertes inyecciones de liquidez por parte de Pekín.

Con todo, esta posibilidad no entra, de momento, dentro de los planes del gobierno central, que pretende resolver los problemas del gigante asiático mediante la compra de activos financieros y un programa de construcción de infraestructuras. Paradójicamente, las deudas de las corporaciones locales tienen su origen en el anterior plan de obra pública, lleno de elefantes blancos, por lo que hay dudas de que este nuevo proyecto vaya a ser más beneficioso.

En caso de que este impulso falle, los expertos temen que la onda se extienda a muchos otros países.

Los comentarios están cerrados.