¿Cómo se puede calcular el coste de los ciberataques para una empresa?

¿Qué precio tiene la reputación de Burger King? ¿Cuánto vale la de Chyrsler? Muy difícil cifrarlo.

Pese a ser incuantificable, el peligro late ahí fuera. “Existen dos tipos de empresas”, señala Javier Zamora, profesor del IESE. “Las que saben que han sido hackeadas y las que no”.

El entorno se vuelve cada vez más hostil. El spam —detalla la firma estadounidense de seguridad digital Impermium— afecta ya al 40% de las cuentas de las redes sociales y al 8% de los mensajes transmitidos.

Evidencias de este tipo han empujado a las compañías españolas a comprender la hondura del desafío. Por eso, el problema “ha salido de los sótanos del departamento de informática y cada vez la alta dirección se encuentra más implicada”, observa Diego Bueno, director de servicios de seguridad y privacidad de KPMG. Hace algunos años, los hackers operaban en garajes con escasos medios, hoy recurren a edificios repletos de tecnología. Tiempos nuevos, espacios distintos, pero idénticos objetivos: la flaqueza de las marcas.

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