Google reutiliza el agua procedente de las casas y los negocios vecinos para su sistema de free cooling

El datacenter en cuestión se encuentra ubicado en el condado de Douglas, Georgia, y la novedad radica en el uso de agua reciclada para las tan necesarias tareas de refrigeración. ¿De dónde procede esa agua? De los retretes, lavabos y bañeras de las comunidades vecinas.

Así lo ha explicado el responsable del centro, Jim Brown, en un post en el blog oficial de Google, donde profundiza sobre la asociación que la empresa ha establecido con la agencia local de aguas y redes de alcantarillado para darle una segunda oportunidad a lo que ellos denominan líquido “gris”.

Construido en 2007, el centro de datos de Georgia utiliza desde su puesta en marcha técnicas de “free cooling” para combatir el calor interno generado por los servidores. Aunque este proceso es mucho menos costoso que el de los refrigeradores tradicionales, exige ingentes cantidades de agua. De hecho, en un principio, el edificio echaba mano de la misma agua potable utilizada en hogares y negocios aledaños, lo que suponía un desperdicio de recursos considerable.

“Pronto nos dimos cuenta de que el agua que utilizábamos no tenía que estar lo suficientemente limpia como para beberla”, relata Brown. “Así que hablamos con las autoridades sobre la elaboración de un sistema que reutilizase el agua a través de nuestra infraestructura de refrigeración. Con él somos capaces de emplear agua reciclada para el 100% de nuestras necesidades de refrigeración”.

Y esto es posible con alrededor del 30% del agua que gasta la población de los alrededores. Tras pasar por la instalación, todo aquel líquido que no se ha evaporado con el calor es enviado a una planta de tratamiento construida por el propio gigante de la G para desinfectarlo y eliminar minerales sólidos. A continuación es devuelto al río Chattahoochee.

Aparte de volver las instalaciones más eficientes energéticamente hablando, este sistema también permite reducir los exorbitantes costes de funcionamiento de los grandes centros de datos. Además, protege la continuidad de las operaciones en hipotéticos casos de sequía.

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