La tecnología del futuro se extrae hoy de las minas de China

Los ‘minerales raros’ son un grupo de 17 elementos de la familia de los lantánidos que se consideran de gran potencial futuro por sus aplicaciones en alta tecnología. Por ejemplo, el motor eléctrico del vehículo híbrido de Toyota, el ‘Prius’, requiere entre 10 y 15 kilos de lantanio para la batería, además de un kilo de neodimio. Estos metales raros también son imprescindibles para la fabricación de bombillas de bajo consumo, discos duros, lectores de CD y DVD y turbinas eólicas (neodimio), lentes ópticas para cámaras digitales (lantanio), pantallas de televisión de plasma y LCD (europio) o baterías de NiMH (lantanio y cerio).

Pues bien, hoy por hoy el 93% de la producción mundial de estos minerales procede de China, el único país que se ha arriesgado a producirlos a pesar de su alto coste económico y medioambiental. De su relevancia da fe el hecho que Estados Unidos, que posee actualmente el 12% de las reservas de estos elementos, los considera metales de “importancia estratégica” desde 1981.

Tanto es así, que una firma estadounidense, Molycorp Minerals ha anunciado recientemente que va a reanudar la explotación de una mina californiana de metales raros (hacia 2012) que cerró por sus elevados costes hace unos años. Entre sus escasos accionistas se cuenta el banco de negocios estadounidense Goldman Sachs. También se mueven en esa línea otras pequeñas compañías especializadas como las canadienses Rare Elements Resources, Avalon Rare Metals y Quest Uranium.

Detrás de este nuevo interés se encuentra algo más que la rentabilidad de estos metales raros (a pesar de que se calcula que la demanda mundial de estos minerales aumenta a tasas del 20% anual). La industria armamentística de precisión depende totalmente de estos minerales y China ha anunciado que estudia prohibir las exportaciones con vistas a asegurarse la producción de los mismos.

“La regulación china no tiene como objetivo subyugar a ningún país, sino proteger sus recursos naturales. La era de las exportaciones baratas debe terminar, son otros tiempos”, afirmó Zhou Shijian, miembro del Centro de Investigación de Relaciones entre China y EEUU, de la universidad de Tsinghua en el periódico oficial “Global Times”.

Según los datos de Bernhard Schmidt en la web especializada en metales preciosos, materias primas y energía, www.valoro.net, “en 1953 la demanda mundial de ‘tierras raras’ únicamente ascendía a 1.000 toneladas, con un valor de unos 25.000.000 dólares; en 2003 la cifra se situaba ya en 85.000 toneladas (unos 500.000.000 dólares) y en 2006 se demandaron 108.000 toneladas, lo que se corresponde con unos 1.000.000.000 dólares. Hasta 2010, el mercado de ‘tierras raras’ crecerá de nuevo casi un 50% hasta 150.000 toneladas”.

Sin embargo, el experto añade que “a este respecto hay una probabilidad absoluta de que las estimaciones actuales resulten demasiado bajas debido especialmente a que, sobre la base de nuevas aplicaciones, ahora es difícil pronosticar la demanda futura de ‘tierras raras”.

Sea como sea, la realidad es que se ha producido un importante cuello de botella en la oferta de un producto de utilización cada vez más generalizada a nivel mundial y los inversores empiezan a plantearse las posibilidades de una eventual inversión.

Las dificultades de invertir en un nuevo sector

El problema para todos ellos es muy claro: no existe todavía información sobre estos metales. Algunas firmas de análisis con las que hemos hablado reconocen no tener una opinión al respecto de estas materias primas, su futuro, previsiones, etc., caso de Barclays Capital, Deutsche Bank o Merrill Lynch. El hecho de que la mayor parte de la producción mundial se centre en un país emergente como China y en un sector aún poco desarrollado a nivel financiero como es el minero, limita mucho las posibilidades de valorar siquiera una posible inversión.

Tal es la opinión de Evy Hambro, gestor del fondo World Mining de BlackRock, para quien “China es el productor dominante de las ‘tierras raras’ mediante compañías en las que no es posible invertir”. La cabeza visible de la mayor mina china (Bautou) es Tianjiao Internacional, una sociedad con sede en Estados Unidos (San Francisco) que se dedica a la distribución de los ‘metales raros’ y que, por supuesto, no cotiza.

Por tanto, la única opción para mantener una posición en el sector de las ‘tierras raras’ es invertir en un fondo de inversión emergente con fuerte peso en el sector de recursos básicos chino. Hace unos meses Mark Mobius, experto en mercados emergentes de Franklin Templeton, ya apostaba por el sector minero chino dado que estas compañías se beneficiaban también de sus relaciones con otro sector minero de gran potencial pero escasa apertura global, el mongol. “Seguimos viendo que países como China están formando alianzas en el exterior para asegurarse la provisión a largo plazo de materias primas”, manifestó. De hecho, la mina de Baidu no está lejos de la frontera mongola, por lo que la importancia estrategia de la zona para el futuro de la minería mundial es muy elevada.

Parece ser entonces, que el futuro de las nuevas tecnologías pasa por China, un país aún poco accesible para los capitales extranjeros y que ya sabe qué clase de tesoro guardan sus minas. Las ‘tierras raras’ son el futuro, y el futuro parece querer hablar chino…

Los comentarios están cerrados.