La fiebre del litio

Hace siete años (2003), una tonelada de litio costaba 350 dólares. El año pasado su precio era ya de 3.000 dólares. Un poco más allá, en los años noventa, el consumo internacional era de unas 45.000 toneladas. En 2007 ya se superaron las 100.000 toneladas.

Los datos de la U.S. Geological Survey recogen que en 2006 la producción mundial de este mineral era de 23.500 toneladas, las reservas en explotación 11 millones y las reservas estimadas totales 13 millones. Las últimas cifras disponibles (2009) eran 18.000 toneladas de producción, 9,9 millones en explotación y 23 millones potencialmente disponibles. Además, las previsiones de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) apuntan a una demanda de entre 180.000 y 200.000 toneladas en 2020 y de cerca de 350.000 toneladas en 2030.

¿Qué ha pasado en la última década para que las cifras se hayan disparado de esta manera? Que nos hemos puesto las pilas. O que se las hemos puesto a todos los dispositivos electrónicos de consumo que utilizamos. Y, sobre todo, que se las vamos a poner a los nuevos motores de los coches híbridos y eléctricos. La ecuación es muy sencilla: Si la demanda de litio ha crecido tan rápido los últimos años principalmente por la producción de las pequeñas baterías de los distintos dispositivos portátiles, cuando empiecen a fabricarse en serie los motores de los vehículos el consumo de litio se va a disparar.

Por un lado, el litio es el metal que permite fabricar las baterías más pequeñas (las de li-ion son dos veces más pequeñas que las de níquel-cadmio) y, por otro lado, las únicas con capacidad suficiente -no sólo para arrancar un coche- sino para hacerlo funcionar. Pues bien, cada una de esas baterías que montarán los nuevos motores híbridos precisará alrededor de siete kilogramos de litio.

Quizás sea prematuro hablar de litio como el petróleo del futuro, pero si la industria automovilística sigue basándose en la capacidad de este metal para acumular energía, su producción será la piedra angular del porvenir del sector. Y eso sin olvidarse de otras dos importantes aplicaciones adicionales: su utilización en aleaciones para la industria aeronáutica y en la generación de energía nuclear.

¿Habrá suficiente litio para tanta demanda?

Según los datos de la US Geological Survey, en 2009 bajó la producción, pero también –lo que es más importante- las reservas en explotación. En cambio, ante la demanda global, la cantidad de litio disponible ha pasado de los 13 a los 23 millones de toneladas en seis años. La entidad pública estadounidense explica que “las condiciones del mercado para los productos derivados del litio se deterioraron en 2009 y provocaron una bajada del precio (-20%) en Chile (principal productor mundial), pese a lo que un número importante de empresas hizo públicos nuevos hallazgos de litio”.

En estos momentos, las principales explotaciones de este metal se encuentran en Chile, Australia, China y Argentina, y se han anunciado nuevos descubrimientos de distinta importancia en Australia, Argentina y Canadá. Sin embargo, en los últimos meses se ha unido a esta lista Bolivia, un país que dice poseer el 50% de las reservas mundiales conocidas. Dada la importancia de estas cifras, Jerome Clayton Glenn, director del Proyecto Milennum de la Organización de Naciones Unidas, aseguró que “Bolivia puede ser la Arabia Saudí del litio”. No obstante, ese título también ha recaído recientemente en Afganistán, pues el gobierno estadounidense ha estimado entre uno y tres billones de dólares el valor de los yacimientos minerales descubiertos recientemente en el país.

Para no ser menos, Chile, que cuenta actualmente con el 40% de las reservas mundiales conocidas -sólo con los yacimientos actualmente en explotación- ha anunciado a través de Cochilco que podría alcanzar el 70% del total si se suma la presencia potencial de litio en otros salares de los que existe información “escasa y no actualizada”.

Si hay oferta y demanda, hay mercado ¿O no?

Cierto. El litio cada vez se comercializa más debido al incremento de su consumo, pero sólo en un mercado para productores. Esto es, un mercado donde se compra y vende el metal físico. Sí existe, en cambio, un índice, el Solactive Global Lithium, que registra las cotizaciones de las empresas implicadas en la producción de este metal, básicamente compañías mineras como SQM, FMC Corporation y Rockwood Holdings.

La división de futuros sobre materias primas de la Bolsa de Londres (LME) nos explica que todavía no están considerando abrir un nuevo mercado para el litio. En la de Chicago (CME Group), reconocen no estar planeando tal lanzamiento en la actualidad, pero indican que “siempre estamos buscando oportunidades para lanzar nuevos productos que sean útiles para el mercado. Si sigue creciendo la demanda global de litio, llegará un momento en el que los beneficios procedentes del precio y la gestión del riesgo de un contrato de futuros negociado interesarán a los inversores”.

Sin embargo, el pasado mes de julio, una firma estadounidense especializada en productos derivados, Global X, lanzó en Nueva York (NYSE) el fondo cotizado “Global X Lithium” que pretende replicar a ese único índice que existe relacionado con este metal, el ‘Solactive Global Lithium’.

El litio no se ha confirmado aún como el petróleo del futuro, pero sí destaca ya como la piedra angular sobre la que crecerán la industria automovilística y la tecnología de consumo. Por ello se está haciendo un hueco en los mercados financieros. No le pierda la pista.

Los comentarios están cerrados.